Mi relación con la imagen nunca ha sido estable ni lineal. Ha cambiado conmigo, moviéndose al ritmo de lo que la vida me ha pedido en cada momento. A veces fue impulso y curiosidad; otras, refugio, encuentro, acción. Nunca una sola cosa. Siempre un territorio en movimiento.

Con el tiempo entendí que mi práctica no responde a etapas que se superan, sino a fuerzas que conviven y regresan una y otra vez, transformadas por la experiencia. Un movimiento continuo, más cercano a una espiral, donde volver no significa repetir, sino mirar desde otro lugar.

En ese recorrido, descubrí que lo que realmente me ha interesado no son las imágenes en sí, sino las historias que las atraviesan. Las que contamos a otros, las que nos contamos a nosotros mismos y las que escuchamos. En ellas construimos sentido, identidad y memoria. Al narrarnos, existimos. Al escuchar, nos transformamos. Mientras estemos dispuestos a narrar, siempre encontraremos quien quiera escuchar, y es en ese intercambio donde la memoria permanece viva, como alrededor de un fuego donde las historias viajan de un cuerpo a otro y la experiencia se vuelve compartida.

En medio de ese flujo, la imagen aparece como una forma de recoger pequeños fragmentos robados al tiempo. Rastros que me permiten volver, recordar y reconocerme. Una especie de máquina del tiempo íntima, donde cada imagen guarda una historia que sigue viva y que, al ser compartida, encuentra nuevas resonancias.

Nada de esto ocurre por separado. Lo que experimento transforma la manera en que miro y lo que miro, transforma la manera en que habito el mundo. Lo personal se filtra en lo colectivo y lo colectivo vuelve a tocar lo íntimo. Mi vida alimenta esta práctica, y esta práctica me enseña a vivir con mayor atención, cuidado y conciencia.

Si algo de lo que vas a ver te resulta familiar, no es por una intención de convencer, sino porque ahí, en ese gesto mínimo de reconocimiento, nuestras historias se encuentran. No para explicarse ni para cerrarse, sino para acompañarse. Y en ese encuentro, tú y yo dejamos de estar solos.